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日志


11月17日

17 de noviembre de 2008

Triste y lluvioso noviembre. Triste y maldito diecisiete. Triste y miserable noche, que rompiste sueños y nos robaste un alma. Nueve años, digo, nueve años. Ya pasaron nueve largos años de aquel dia que amaneció por última vez para Enrique y aún parece que fue ayer.

Aquí seguimos, aquí siguen, tus canciones siguen sonando noche tras noche. Suenan tristes, como siempre, pero suenan. Y recuerdan a que de alguna manera sigues aquí. Tu alma no desapareció aquel diecisiete, eso creia la noche que creyó arrebatarnos una vida, pero era mentira y eso ya lo sabias.

11月8日

La llamada

Abrió la puerta de la celda con fuerza, casi arrancándola.

-¡Salga! -me ordenó un policia correctamente uniformado, alto y corpulento. Fijé por unos instantes mi vista en su pistola perfectamente enfundada en su cinto.

-¡Rápido! -dijo devolviéndome de nuevo a la realidad. Alargó un brazo y me sacó con fuerza de las rejas.

-No tenemos mucho tiempo. -dijo.

Al mismo instante oí el tintineo de unas llaves, noté como cogia mis dos muñecas y las unia a las esposas. Miré al suelo mientras terminaba de sujetarme, y pensé en contar el número de baldosas que habia hasta la habitación donde iban a dejarme durante unos minutos.

-¡Acompáñeme! -me ordenó de nuevo.

Sin quitar la vista del suelo, aquel hombre me arrastró por aquel largo pasillo de celdas. Empecé a contar las baldosas, en ese instanté intenté recordar el número exacto de baldosas que habia en mi casa. Una vez las conté, pero no recuerdo cuántas habia -pensaba.- Entonces me desconté. Cruzamos muy deprisa el pasadizo hasta llegar a una sala de no más de diez metros cuadrados.

Me empujó a su interior y cerró la puerta. Sacó de nuevo las llaves del bolsillo derecho de su pantalón y me quitó las esposas. Me quedé de pie, esperando una nueva orden.

-Puede sentarse.

Una mesa y una silla eran los únicos enseres de la habitación. Encima de la mesa pude observar un teléfono color rojo, un bloc de notas y un boligrafo que reposaba encima de él.

-Puede realizar una sola llamada.

-¿Dejará que me lleve unas hojas de ese bloc?

El policia me miró muy serio.

-No -contestó.

-He dicho que puede realizar una llamada. Tiene tres minutos.

Puse la mano sobre el teléfono y lo descolgué lentamente. Me encantó el color rojo del aparato. Recordé que habia visto uno igual en algún otro lado. Rojo, el color de la pasión, el color de la sangre.

Marqué las nueve cifras del número, el único que recordaba. No tenia ninguna agenda, pero seguia recordando ese teléfono que habia marcado tantas veces durante los últimos años.

Miré al policia que me esperaba sentado en un rincón con impaciencia, moviendo nerviosamente las llaves que abrian y cerraban mis esposas. Mientras, escuchaba atentamente el número de tonos que iban pasando hasta que alguien me contestó.

-¿Cariño? -dije al reconocer la voz de mi mujer.

En aquel instante ella enmudeció.

-¿Cielo? -repetí. -Soy yo.

-Hola -dijo ella con voz queda.

-¿Cómo estás?

Volvió el silencio.

-¿No te alegras de oirme? Tengo buenas noticias.

-¿Desde donde me llamas? -preguntó.

-Sigo en la cárcel, pero me temo que muy pronto estaré fuera.

-Hacia meses que no sabia de tí.

-Lo sé, el proceso ha sido dificil, pero la semana que viene tenemos el juicio que me dará la razón. Sabes que soy inocente, no estuve implicado en lo de la muerte de tu hermana. ¿Lo sabes verdad?

No volvió a contestarme.

-Ya verás como todo irá bien. -continué- Dentro de nada volverá todo a la normalidad.

-No deberias haberme llamado.

-Todo será igual, nena.

-Tengo que colgarte.

-Me quedan dos minutos aún. ¿Cómo están los niños?

-Bien.

-Deben echarme de menos ¿no?

-Lo siento, pero voy a colgarte, no llames más por favor.

-Soy inocente -dije- Cuando quise volver a hablar ya me habia colgado.

Colgué el teléfono con rabia y lo observé unos segundos. El policia se levantó y vino hacia mi.

-Ya ha terminado. Vámonos.

-No he terminado aún -dije mientras cogia de nuevo el teléfono.

-Ya lo creo. Sólo una llamada y lo sabe. -dijo mientras apartaba mi mano y colgaba él mismo el aparato.

-Me ha colgado, no le he dicho todo lo que iba a decirle.

-Tendrá que ser en otra ocasión. ¡Levántese! -dijo mientras ponia una mano en mi brazo.

-¡Deje de tocarme! -dije al instante que me levantaba.

Cogí el bloc de notas de la mesa y el boligrafo.

-Me lo llevo. -dije.

El policia me miró con cara de resignación.

-Haga lo que quiera.

Sacó las llaves otra vez. El tintineo volvió a resonar en mi cabeza. De nuevo las esposas, de nuevo de vuelta a la celda. Cabeza abajo iba contando: Una, dos, tres... volví a contar las baldosas.

Una vez dentro, recordé el teléfono rojo. ¿Dónde habia visto uno semejante a ese? Me senté en el suelo, en un rincón. Busqué un cigarrillo que habia escondido hacia dias bajo una de las patas de la cama. Lo encontré, encendí una cerilla y fumé pacientemente.

Puse sobre mis rodillas el bloc de notas y escribí:

“Soy inocente”

Al lado dibujé un teléfono y escribí el número que habia marcado con anterioridad en aquella apartada habitación.

Dejé el bloc y el bolígrafo en el suelo. Me levanté, andé dos pasos, conté tres baldosas, a la tercera me agaché y levanté la baldosa, abriendo asi mi escondite. Saqué una navaja pequeña y en una milésima de segundo me hice un corte.

Cerré despacio y anduve de nuevo hasta el cuaderno, lo cogí y pasé mi dedo sangrante sobre el dibujo del teléfono.

-Ahora si es un teléfono rojo -dije ladeando la sonrisa.





10月14日

Un placer, siempre

LAS VENTAS – 10 DE OCTUBRE 2008

21:30 Hrs.

Los Secretos. 30 Años de canciones.



Imaginaos la plaza de toros de Las Ventas llena de gente, y un grupo que lleva 30 años de canciones a sus espaldas en el escenario, con un largo camino, sin grandes pretensiones, sin grandes ventas de discos, sólo son ellos y sus instrumentos, sólo son ellos y sus letras cargadas de sentimentalismo. Letras escritas con el alma.


Los Secretos celebraron sus 30 años en el escenario en la plaza más importante de España, en una de las plazas más importantes del mundo.

Tal vez la tristeza de sus canciones es la culpable de los sentimientos que llegan a aflorar cuando se les escucha, tal vez sea el recuerdo de Enrique Urquijo el que a menudo nos pone más tristes al oirles, tal vez sea porque lo que hacen es verdadero y eso siempre se percibe, su autenticidad hacen de Secretos un grupo inolvidable, como imposible de olvidar fue el concierto del viernes.


Empezaron unos minutos más tarde de lo previsto. Y la aparición por sorpresa del Gran Wyoming revolucionó la plaza. Con su particular humor presentó a Los Secretos como “unos artistas con dos cojones que llevan 30 años cortando el bacalao”

Entonces llegó el primer impacto, que llegó directo como una flecha y empezó con imagenes en una pantalla gigante en el centro del escenario, proyectando fotos del principio como grupo hasta la actualidad. Los acordes de la rickenbacker de Álvaro lo anunciaron con “Te he echado de menos”. No podian empezar mejor. Fotos de Enrique iban pasando mientras Álvaro le cantaba “te he echado de menos hoy igual q ayer...”

Siguieron tocando algunos temas imprescindibles como “pero a tu lado”, “no me imagino”o “la calle del olvido”

Continuaron con un octeto de cuerda tocando “No digas q no”, “Hoy no”, “Que solo estás” y la primera colaboración de la noche llegó con Miguel Rios y “Ojos de gata”

Mas invitados como “Joaquin Sabina”, “Fito”, “Amaral” o “Manolo Garcia” (que hizo una versión de “Volver a ser un niño” deliciosa) alargaron el concierto a tres horas, un doble concierto de Secretos, sin duda inolvidable.

Continuaron con los bises y terminaron con un “Déjame” a capella, que coreó toda la plaza. Por un instante miré hacia arriba, vi los palcos llenos, el ruedo lleno, alcé la vista al cielo y algunas nubes tapaban la luna, pensé que Enrique nos estaba viendo desde allí.

Enhorabuena por seguir ahi. Muchas gracias por la música.

10月7日

Para Enrique.

Octubre 2008.


Enrique:


¿Recuerdas aquel año, cuando la ilusión corria por tus venas y la música empezó a formar parte de tu vida? Cuando empezaron las sensaciones y aquello que a menudo se llama inspiración brotaba en forma de canciones que fueron tomando forma año tras año. Pues, ya han pasado treinta años. Y también han pasado casi nueve sin ti, cuando te fuiste aquella fria noche de noviembre.


Sabes que siempre te echamos de menos en todos los conciertos, aunque creo que el dia 10 se te echará en falta de una forma especial. Es que, Enrique: 30 años no se cumplen todos los dias. Van a estar en Las Ventas, ¡EN LAS VENTAS! Seria estupendo que estuvieras, la plaza brillará de forma especial, sabemos que estarás ahi de alguna manera. Aún no me hago a la idea de cuanta gente estará alli, pero la ciudad de Madrid no dormirá ese dia. Porque se lo merecen... y te lo mereces...


30 años Enrique, sólo 30 años. Te fuiste demasiado pronto. Te echaremos de menos el 10, como siempre.


9月2日

...Puro sentimiento...

Enrique Urquijo dijo una vez:

"La técnica, si no hay detrás
sentimiento, no sirve para nada"

Y de sentimiento sabia Enrique Urquijo un rato, un buen rato. Quedó demostrado con todas las piezas que nos regaló, con la cantidad de acordes que rasgó, con la cantidad de letras que escribió. Enrique era puro sentimiento y eso se notaba cuando cantaba, cuando interpretaba, cuando hablaba, cuando sonreia timidamente, esa “sonrisa que tan timida escondes” que poco después le dedicó su hermano, también con ese sentimiento que de tanto saben los Urquijo... se desnudaba con sus canciones y eso llega dentro a cualquiera que pueda percibirlo, llega tan dentro que cuesta expresarlo con palabras. Empieza por la garganta, tragas saliva, luego pasa por el estómago, tu corazón late más fuerte y sin darte cuenta puede que algún dia una lágrima asome por tus ojos cuando la voz de Enrique o tal vez de Álvaro empiece a sonar.
6月8日

Me debes un café

 
Arrugué la hoja del periódico con fuerza. La apreté con el puño, dejé caer la cucharilla del café en el plato, tragué saliva y abri la mano, miré el papel en forma de bola, no me atreví a abrirlo de nuevo y lo tiré al suelo. Cogí el movil, busqué su nombre: Pablo. Lo lei tres veces antes de apretar la tecla de “Borrar”.

 
Iba a llamarle. Guardé su teléfono aquel dia para volver a charlar con él, le debia un café.

 
No sé si alguna vez creyó que iba a llamarle para tomar ese café. Yo tampoco sabia si algún dia le llamaria.

 
Nuestra historia habia estado llena de desaprobaciones por parte de mis padres.
La primera y principal era porque Pablo tocaba en un grupo de Rock y según ellos estaba vinculado con las drogas.“Ese chico anda por mal camino” -me replicaban. Siempre hacian la misma afirmación aunque nunca supieron en realidad si él andaba por ese lado oscuro.
Tampoco nunca se preguntaron lo que queria su hija, no me preguntaron nada a mi, con dieciseis años seguian decidiendo por mí.
Su niña debia dedicarse a estudiar y no andar con gente que pudiera desbaratar sus planes. La relación la mantuvimos dos años, escondiéndonos. Nos divertia infringir las normas, salir a escondidas por las noches, temiendo que algún dia nos pillasen. Hasta que llegó el dia en que mi padre se enteró de que seguia con él y se dedicó a vigilarme todas las noches, pendiente de que no volviera a salir con aquel tipo.
Le volví a ver un par de veces más, me pidió que volviera con él, pero ya me habia dado cuenta de la clase de vida que llevaba y de que no me convenia. Esas eran mis razones, que nunca le llegué a plantear.

 
Iba a llamarle. Dije que le llamaria pero no lo hice.

 
Le reconocí por detrás.
Con sus andares pausados, el pelo revuelto, su cazadora negra de piel y sus zapatillas Converse rojas, seguia pareciendo el mismo adolescente de hacia quince años, cuando venia a recogerme por las tardes a la salida de la universidad, con la guitarra colgada del hombro.

 
Y era una tarde cuando le ví. Una tarde gris. Una tarde en que la lluvia iba haciendo su aparición en forma de gotas.
-¡Pablo! -pensé al verle.
Paré y dudé si debia llamarle.
-Sí. -dije en voz alta.
-¡Pablo! -grité.
Corrí detrás de él.
-¡Pablo! -repetí.
Lentamente se giró. En ese instante me quedé ahi parada, esperando que reaccionase. Sonriéndole.
Con las manos en los bolsillos se fue acercando a mi.
-¡Hola! ¿No me reconoces? -le dije.
-¡Sofia! - por fin me reconoció. Su sonrisa se quedó anclada unos instantes al tiempo que intentaba reaccionar.
-Estás, estás... estás increible. Guapisima.
-Gracias.
-Te veo muy bien.
-¿Qué es de tu vida? -me preguntó sin sacar sus manos de los bolsillos.
-Iba al banco ahora mismo, a hacer un recado para la oficina.
-¿Y tú?
-Madre mia... yo... no te esperaba. ¿Te apetece ir a tomar un café?
-Pues... no sé, es que ahora mismo estoy en horario de trabajo.
-Ya, claro. Podemos quedar otro dia, que después de quince años han pasado muchas cosas.
-Sí, aunque no creo que a mi marido le haga mucha ilusión que quede con un ex-novio.
Pablo soltó una carcajada.
-¿Y te casaste?
-Sí, hace ya diez años y tengo dos hijos.
-¡Enhorabuena! Ya has pasado un tramo por el que todavia no he llegado.
Yo tengo pareja y tenemos ganas de dar ese paso, deberia darlo supongo. Tengo casi cuarenta años y todavia sigo teniéndole miedo a la palabra “compromiso”
-Siempre tuviste miedo a las cosas que suponian una responsabilidad.
-Lo sé.
Sonreimos los dos y nos miramos en silencio.
Pablo levantó la mirada al cielo, y se revolvió el pelo mientras se iba mojando con las gotas que seguian cayendo, cada vez más espesas.
Bajó la cabeza y me miró con las pestañas mojadas. Me sonrió, nunca antes le habia visto sonreir tanto en tan breve espacio de tiempo.
-Me alegro de verte.
-Yo también.
-Y que estés bien.
Ya sabes, si te apetece un café, puedes llamarme. -sacó del bolsillo un trozo de papel y apuntó su número.
Me lo tendió, mirándome a los ojos. -Cuando quieras -me dijo. Al tiempo que me lo tendia, rozó sus dedos con los mios. Aparté la mirada, lo cogí y guardé el trozo de papel en mi bolso.
Cuando levanté la cabeza su cara estaba a dos palmos de la mia.
-Que te vaya muy bien. -me dijo- y me besó en la mejilla.
-Igualmente -contesté, tragué saliva y me acerqué también para darle un beso.
Avancé y me topé de nuevo con su cuerpo, sonreimos de nuevo. -Voy hacia allí -indiqué.
-En ese bar -me señaló- me encontrarás todas las mañanas. -Me debes un café.
Sonreí sin darle ninguna respuesta.
Salimos cada uno por el lado contrario.
-Parece que ya no llueve -le oí gritar. Me giré y le vi moviendo la mano despidiéndose.
Levanté también la mia. -Adiós Pablo -

 
Dije que le llamaria pero no lo hice. Me presenté en el bar donde me dijo tres meses después, con el periódico en la mano. La noticia habia saltado esa misma mañana.
“Esta madrugada se encontró el cuerpo sin vida del guitarrista y cantante Pablo Arroyo, victima de una sobredosis...”
“Deja como tema póstumo una canción supuestamente dedicada a una ex-novia con la que se reencontró hace unos meses..”

 
Volví a coger la cucharilla del café, removí. Me lleve la taza a los labios y me lo tomé de un sorbo. Me agaché para recoger la bola de papel del suelo. Cogí el mechero y le prendí fuego, mientras observaba como se iba quemando, noté como me resbalaban las lágrimas por las mejillas.

 
6月7日

Los Secretos en Las Ventas 10/10/08

Si, si, lo que leeis. Los Secretos celebran por todo lo grande su aniversario con un concierto muy especial con artistas invitados, e incluso la grabación del espectáculo que esperemos se edite en DVD, será un inolvidable concierto, eso está asegurado, aunque cualquiera que les ha visto en escena lo sabe, tienen un directo impresionante, una perfecta conexión con su público, es siempre un placer verles en escena.
 
Ya sabeis:
 
Los Secretos 30 años de canciones.
Viernes 10 de octubre de 2008
Plaza de Las Ventas (Madrid)
 
Os dejo el cartel publicitario. Alli nos veremos. Yo ya tengo mi entrada :DD
 
 
 
secret30_nvocartel
 
 
 
5月20日

La caracola

POR LA CARRETERA


Mi padre conduce con la vista fija en la carretera. Veo como mueve los ojos de un espejo retrovisor a otro, mientras me echa alguna que otra mirada. Sonríe y mira a mi madre después. Ella le mira también y después se gira al asiento trasero para vigilarme y luego me sonrie.

-¿Podrias abrir más la ventana? -le digo.

Mi madre abre enseguida la ventana. ¿Te da mucho el aire mi niño?

-No. Estoy en la gloria. -digo mientras cierro los ojos y disfruto de aquel aire caliente y abrasador que te pone moreno sólo con rozarte.

-¿Hasta cuándo me llamará mi niño? -me pregunto a mi mismo.

-Creo que tendré que parar a poner gasolina -dice mi padre- Todavia nos queda un buen tramo de camino.

Mi madre no dice nada como siempre.

Abro los ojos y miro por la ventana. Veo pasar el paisaje que veo sólo una vez al año. Está desierto, el terreno es llano, la carretera que nos lleva al pueblo donde veraneamos es larga y parece que no acaba nunca. Tengo la sensación de que llevamos medio dia de viaje y sólo llevamos dos horas. Es terrible, el calor es sofocante, quiero llegar y darme un baño en la playa.

Los ojos de mi padre siguen mirando al frente, con su mano izquierda activa el intermitente, sus manos giran el volante y entramos en una gasolinera. Para el coche, quita las llaves y se las da a un señor con mono gris que descuelga una manguera y me mira mientras nos llena el depósito. Ese hombre no me sonrie.

-Mamá.

-Dime.

-Tengo sed. ¿Podriamos comprar algo para beber?

-Toma -y me tiende una botella de agua.

La cojo y bebo.

-Está caliente.

-Lo sé, cuando lleguemos ya lo meteremos todo en la nevera, ahora sólo tengo esto.

Sigo bebiendo. El calor abrasador, el agua caliente. ¡Qué asco de verano! -pienso.

Mi padre vuelve, se mete en el coche y arrancamos de nuevo.

Me he terminado el agua. Tiro la botella a mi madre y le doy casi en la cabeza. Me mira pero tampoco me dice nada, simplemente coje la botella y la guarda en una bolsa que tiene a sus pies.

Mi padre sólo acierta a decir:

-¿Qué haces? -pero después sigue mirando a la carretera.

Abro mi mochila a punto de reventar. Del bolsillo más pequeño saco una caracola, también pequeña. Hace un par de veranos la encontramos en una cueva que daba al mar. Y decidimos que cada año, cada verano, cambiaria de dueño. Este año debia darsela a Marina, una chica de ojos azules con la que soñaba a menudo, al final del verano pasado quedamos en qué el verano siguiente nos encontrariamos alli el primer domingo de julio.

-El primer domingo de julio, a las nueve de la noche -habiamos dicho.

Para que fuera ese dia sólo faltaban unas horas.

Escondo de nuevo la caracola. Mi madre tiene los ojos cerrados y mi padre sigue en silencio conduciendo.

Después cierro los ojos. El sol está empezando a apagarse.


EN CASA


-Ya hemos llegado -nos despierta mi padre.

Acaba de salir del coche y hace estiramientos.

-Vamos, ayudádme a bajarlo todo.

Abre el maletero del coche y empieza a descargar bolsas y mochilas.

Mi madre ya ha bajado y está cogiendo varias de las bolsas.

-Vamos, no tenemos todo el dia -me dice mi padre.

Bajo adormilado y me pongo la mochila en la espalda. Voy hasta la puerta de la casa y mi madre busca las llaves en su bolso.

-No encuentro las dichosas llaves -murmura. -Sé que las he cogido y las he puesto en el bolso pero ahora no las encuentro.

-¡Cómo que no las encuentras! -dice mi padre.

-¡No las encuentro!

Se pone de cuclillas en el suelo y sigue urgando.

La estoy mirando, pero ella no me mira a mí.

-Ahora. Por fin las tengo. -dice sonriendo.

Se levanta y las pone en la cerradura. Abre.

-Entra -me ordena.

Entro -el olor a humedad es terrible.

-¡Cómo huele a humedad! -dice mi madre. Vamos a abrir todas las ventanas, que después de casi un año sin venir el olor es inaguantable.

Deja las bolsas en el pasillo y empieza a abrir todos los ventanales de la casa.

Yo me siento en el sofá y enciendo la televisión.

Mis padres entran y salen una y otra vez con todos los bartulos para pasar tres meses ahi.

Tengo sueño, mucho sueño, ya son casi las once de la noche y me he levantado a las ocho para llegar hasta aquí.

Me pesan los ojos, caígo redondo en el sofá hasta las nueve de la mañana del dia siguiente.


LA PLAYA


Después del magnifico desayuno que me ha preparado mamá, me pongo el bañador y me voy a la playa. Espero encontrar a alguno de mis amigos por ahi, aunque sino los veo ahora los veré esta noche cuando le entregue a Marina la caracola. Estaremos todos allí, contando lo que hemos hecho estos meses y pensaremos qué hacer hasta septiembre.

Pablo y Marina, ellos son mis compañeros de aventuras. Y por eso los veranos son inolvidables.

Vamos a cazar cangrejos por las mañanas, tomamos el sol por las tardes y por la noche nos sentamos en la arena para contar historias.


Llego a la playa y busco un hueco para mi toalla. Me lanzo al agua. Chapoteo, doy brazadas, meto mi cabeza en el agua, buceo, abro los ojos en el agua, me escuecen pero sigo mirando por si encuentro algún pez interesante, salgo a flote, vuelvo a meterme y asi hasta que me canso y voy a secarme a la orilla. No he visto a ninguno de mis amigos.

Me seco con la toalla, no tomo el sol. Con los pies llenos de arena llego a casa.


ME PREPARO

No me apetece meterme en la ducha y me doy agua con la manguera y me ducho ahi fuera en la terraza. Me quito toda la arena, me enjabono y me doy agua de nuevo. Me seco con una toalla que me ha sacado mi madre y subo a mi habitación a vestirme.

Ya estoy listo para esta noche. Abro mi mochila y cojo la caracola. Qué ganas tengo de volver a verles.


-¿Dónde vas? -me pregunta mi padre desde el sofá.

-He quedado con mis amigos.

Él asiente y enciende la televisión.

-Me voy -le digo a mi madre que prepara la cena en la cocina.

-¿Te vas? ¿Vas a cenar con nosotros?

-No mamá, he quedado con mis amigos y estaremos por la playa esta noche, ya cenaré cuando vuelva.

Ella también asiente.

Salgo de casa.


ESTA NOCHE


Llevo la caracola en las manos. Estoy nervioso. No sé por qué. Después de tantos meses, tengo miedo.

Llego a la cueva, el mar está en calma. La cueva se encuentra en una cala y el agua llega hasta allí, me quito los zapatos antes de entrar. Cuando entro, el agua me tapa los pies.


Estoy de pie hace diez minutos y no aparece nadie. Se habrán retrasado por algún motivo, ¿pero cúal?... siempre suelen ser puntuales -me digo a mi mismo.


Ya llega alguien, pero con la luz todavia no distingo bien quién es. Se va acercando, pero después se bifurca y desaparece. No es nadie de los mios.

Sigo esperando diez minutos más, sigue sin aparecer nadie. Me siento en una roca, la luz de la luna se refleja en el mar. Cojo una piedra y la lanzo, da tres botes sobre el agua antes de ahogarse en el mar.


Ya hace una hora que espero y sólo ha venido a visitarme algún cangrejo. Dejo la caracola en el suelo pero la sujeto con la mano. Lloro de rabia. No sé por qué no han venido. Decido ir hacia su casa. Agarro de nuevo la caracola.


Me planto enfrente de la casa de los dos hermanos. La luz está encendida. Quiero llamar y que me expliquen que ha pasado, se han olvidado de una promesa.

Les veo a través de los ventanales, sonriendo.

Marina mira un instante y se topa con mis ojos, su sonrisa se borra de golpe, me mira unos segundos y aparta la vista.

Pensaba que eramos amigos, de verdad que lo creia. Supongo que todo esto ya debe ser una tonteria para ellos.-me digo a mi mismo.

Me acerco al felpudo de su casa y dejo la caracola allí. Ya no me pertenece. Ni ahora ni nunca más.


4月25日

Por...

A Álvaro Urquijo:
 
Por...
 
Por tu viva sonrisa, por tus labios sugerentes, por tus pestañas despistadas, por tus ojos almendrados , por tu nariz divertida.

Por tus manos acariciando tu guitarra, por tus dedos jugando con los acordes perdidos, por cómo tu voz acaricia mi alma, por cómo una de tus sonrisas me provoca una a mí, por cómo te entregas al público, por cómo nos tratas, por los agradecimientos, por cómo sólo una breve sonrisa y unos breves minutos significan tanto en mi vida, por cómo nos enseñas parte de tu alma, por cómo tu voz me atraviesa, por como al salir del escenario te brilla la mirada... porque formas parte de mi vida.


Por estas y mil razones más, gracias por dejarnos seguir disfrutando de Los Secretos.

4月9日

Los Secretos - Cada dia

Video del concierto de Las Rozas del 29/3/08 en el momento en que cantaron "Cada dia". Un momento especialmente emotivo, en que en la pantalla muestran fotos de Álvaro y Enrique juntos, un tema dedicado a Enrique, una bellleza, dulzura, muy, muy emocionante. Gracias a Erika por infringir las normas y grabarlo. Gracias wapa  
4月6日

Video del concierto de Las Rozas

 
4月5日

Sabor a... Secretos

Las Rozas. 29 de marzo de 2008.
Auditorio Joaquin Rodrigo.


Un concierto de los Secretos es siempre una gozada, una deliciosa mezcla de sentimientos entremezclados.

Los sentidos se agudizan y sientes que el mundo fuera no existe, sólo están ellos y el público, cómplices de cada canción, de cada dedicatoria, entonces es cuando con sólo una nota, con sólo un acorde reconoces esa canción y el estómago se encoge, la saliva pasa por tu garganta con dificultad, tragas para no llorar o alguna sonrisa se asoma tímida al ver cómo disfrutan en el escenario, cómo después de treinta años siguen subiendose a él radiantes, llenos de energia.

El sábado 29 de marzo, además fue algo más que un concierto. En un auditorio siempre es algo mucho más íntimo. Es la gente y los músicos, no hay barras donde comprar bebidas, no hay empujones, es sentarse a disfrutar plenamente de la actuación. Todo además suena diferente.

A los chicos se les veia radiantes, se ve que tocar en casa les sienta de maravilla, además sus familiares también les observaban desde la primera fila y eso también debe ayudar a estar cómodos.

Las bromas no faltaron entre ellos y menciones especiales a sus hijas y la preciosa dedicación de Álvaro a las niñas de los secretos.

El repertorio se nos hizo muy corto, en solo una hora y media nos cantaron piezas tan dulces como “Ojos de gata”, “No me imagino”, “Por el bulevar...”, “Cada dia” donde creo más de uno se le escapó alguna lágrima.

Las fotos iban pasando tras la pantalla ubicada detrás de ellos y los años también, unos años que les han sentado muy bien. En las últimas canciones el auditorio se animó y nos levantamos para bailar un poco al ritmo de “Déjame”, una canción que sube el ánimo al primer acorde. De las ocho a las diez y media parecia que hubiera pasado sólo un suspiro. El concierto ya habia terminado.

Salimos en bandada al hall del auditorio para comentar qué nos habia parecido todo. La respuesta era evidente: Perfecto.

Salimos fuera en busca de los chicos para saludarles y hacernos unas fotos. Esperamos hasta que al fin salieron. La felicidad se dibujaba en nuestras caras, estabamos radiantes. Muchas gracias a Jesús por hacerse unas fotos con nosotros, la oficial y la de por si acaso y también a Álvaro por hacerse también varias fotos de “por si acaso” y quedarse un ratito charlando con nosotros.

Gracias mil a todos: a los que conocí allí y a los que ya conocia y volvi a ver, sois estupendos, ya tengo ganas de volver a veros y repetir otra noche como la del 29 de marzo.

El sabor de boca todavia perdura, no sé de qué sabor es: tal vez de fresa, de pera, de kiwi... es sabor a Secretos...


3月20日

Dulces Secretos...

Palma de Mallorca. 15 de Marzo de 2008.
Sala Assaig. Los Secretos en Concierto.


Con media hora de retraso salieron al escenario: Álvaro Urquijo, Ramón Arroyo y Jesús Redondo para entonarnos la noche con “Ojos de gata”, “Y no amanece” y “ Pero a tu lado” que el público coreó a voz en grito: el sol de medianoche entró por la ventana... cantábamos. La noche prometia.

Seguidamente, para acompañar a los más antiguos de la banda se sumaron Juanjo Ramos al bajo y Santi Fernández a la bateria.

Era sólo el principio de un intenso concierto a la vez que un poco corto. Una hora y treinta minutos nos acompañaros los secretos, una hora y treinta minutos, tal vez un poco más sin llegar a las dos horas, nos acariciaron los sentidos con algunos de los temas más dulces de su carrera.

Se echaron en falta muchos, sobretodo de sus últimos trabajos, pero ya se sabe que cuando un artista tiene en su repertorio más de cien canciones es imposible que sean del gusto de todos. No faltaron los míticos: “Déjame”, “Sobre un vidrio mojado”, “No me imagino”, “Por el bulevar de los sueños rotos”, “Amiga mala suerte”, “Quiero beber hasta perder el control” y un sinfín más.

Con un directo brillante, un sonido espectacular, una fuerza que en pocas bandas se puede percibir, la noche trascurrió entre bromas de los integrantes, canciones inolvidables y las fotos que iban pasando en las dos pantallas gigantes que habia en cada lado del escenario; recordando a todos los componentes de la banda que habian pasado a dejar su granito de arena en un grupo que este año ha cumplido treinta años.

Treinta años marcados sobretodo por una ausencia, una ausencia irreemplazable: la de Enrique Urquijo. Un vacío que jamás podrá llenarse, pero que Álvaro muy dignamente se encarga de mantener, de revivir el alma de Enrique en cada concierto.

En cualquier concierto se puede respirar ese ambiente, ese recuerdo. Y aunque Álvaro no nombre a su hermano en cada uno de sus conciertos, él sabe y su público lo sabemos que cada uno de sus conciertos están dedicados enteramente a él, a su recuerdo, a su figura. Un homenaje perpetuo, un homenaje digno de admiración hacia Álvaro y también hacia el resto del grupo que le acompaña.

Si tuviera que destacar algo del concierto me seria imposible quedarme con un momento, porque cada minuto estaba lleno de sentimiento, de una salud musical impecable, de unos músicos excelentes, que en cada tema demuestran su profesionalidad.

Una noche inolvidable, teniendo también en cuenta el final. Estuvimos esperando a la banda a la salida, salieron todos en la furgoneta y Álvaro tuvo el detallazo de bajarse para darnos unos besos y concedernos unos minutos que para mí fueron muy agradecidos. Comprobé, aunque ya me lo habian contado, la sencillez con que trata a su público, su buena educación... agradecí enormemente que Álvaro me concediera una firma, una sonrisa, una pose para una foto.... además de ser unos músicos excelentes, son mejores personas. Gracias mil por esos minutos Álvaro, gracias mil por el concierto... una y mil veces....


GRACIAS SECRETOS....

3月13日

A sangre fria

Basado en la novela del mismo titulo de Truman Capote

El ruido del motor de aquel viejo chevrolet me producia ansiedad. Llevabamos varias horas en carretera y tenia el estruendoso motor metido en la cabeza. Ni la radio portátil que utilizabamos para pasar mejor las horas servia para olvidarme de aquel ruido, además aquella radio también se oia mal y solo ponian antiguas canciones que se repetian una y otra vez.

Pasamos más de la mitad del viaje en silencio mi compañero Dick y yo. No habia demasiado qué hablar, el plan lo llevabamos pensado de antes de salir hacia aquel pueblecito campero: Holcolm.Un extraño nombre para un simple pueblo.

Conocia a Dick de la cárcel, parecia un tipo de fiar, aunque en esos sitios no hay demasiada gente con la que confiar desde el primer momento confié en él, me dejé llevar por la primera impresión y por eso le elegí a él para llevar a cabo mi plan.

Me habian hablado de la familia Clutter durante mi estancia en la prisión. Eran reconocidos en su barrio por su situación familiar y economica, pero lo más y único importante era el contenido de su caja fuerte, mi única fijación era poder hacerme con aquel botín.

Después de varias horas conduciendo sin parar decidimos parar en frente de un hospital católico. Dick insistia en comprar unas medias negras para cubrirnos el rostro para el golpe, para que nadie pudiera reconocernos y todo saliera a la perfección. Yo insistí en que no hacia falta, además las monjas no me caian bien, me producian escalofrios pero finalmente paré cansado de oir a Dick protestar y salió a por las malditas medias. Un hombre pidiendo unas medias a unas monjas me parecia algo que nos podria señalar como sospechosos pero lo hizo igualmente, tal vez las monjas no tenian esa clase de pensamientos.

Fumaba como un cosaco un cigarrillo detrás de otro mientras le esperaba. Miraba de un lado hacia otro, vigilando, continuamente daba caladas a los cigarillos, golpeaba con mi mano libre el volante y esperaba a que de una vez Dick regresara, teniamos todavia camino por recorrer hasta llegar a casa de los Clutter.

Le vi salir sin nada en las manos, con la expresión muy seria, abrió la puerta del coche, se giró a sus espaldas por si alguien le seguia y cerró la puerta tras de sí.

-¿Dónde están las medias? -pregunté mientras apagaba el último cigarrillo en el cenicero del coche.

-No hay medias.

-Claro, si es que ya lo decia yo. Las monjas no tienen medias para vender.

Arranqué de nuevo el coche sin esperar más explicaciones. Nuestra siguiente parada fue en un motel de carretera, paramos para comer algo.

Una mujer se nos acercó para preguntarnos qué queriamos y pedimos dos menús sin siquiera saber lo que nos iban a traer. Cualquier cosa iba bien para llenar el estómago. Eché un vistazo a la televisión que colgaba de un rincón del bar, estaba silenciada, se veian las noticias. Dick seguia en silencio, con la mirada baja.

-¿Todavia no llega la comida? -dijo mirando hacia la barra, buscando a la camarera.

-No hay prisa Dick, tenemos tiempo.

-Quiero comer. ¡Camarera! -gritó mientras levantaba su mano derecha.

La mujer miró hacia nuestra mesa y no dijo nada, solo pareció murmurar algo a su compañero.

-¿Te quieres tranquilizar?

Dick volvió a bajar la cabeza.

-¿Llevas la pistola? -me preguntó con la voz muy baja.

-¿Pero qué te ocurre Dick? Claro que la llevo. -dije al palpar mi costado izquierdo.

-No sé, Perry.

-No me jodas ahora, todo está controlado, no te preocupes por nada.

-¿Estamos seguros de todo? ¿Ya lo tenemos todo?

-Sí, todo bajo control. Solo nos queda esperar unas horas y estaremos allí.

La camarera por fin llegó con los dos platos y los posó delante de cada uno de nosotros. En menos de cinco minutos habiamos terminado, dejé un billete de veinte dólares encima de la mesa y nos largamos.

-¿Y ahora qué? -preguntó Dick mientras encendia la radio y sintonizaba un nuevo canal.

-Vamos a dormir un rato -dije al momento que buscaba en uno de mis bolsillos del pantalón un mechero. Encendí el cigarrillo y me acomodé en el asiento trasero.

Escuché como Dick jugaba con las sintonias de la radio y las iba cambiando a medida que no le gustaban las canciones, quise decirle que parase de hacer eso, que queria dormir un rato pero dejé que se entretuviera, yo me dormí de todos modos.

Cuando desperté, Dick estaba fuera del coche, no se oia la radio, estaba apagada. Me levanté y me puse frente al volante.

Bajé la ventanilla.

-¡Dick! - Él se giró y andó hacia el coche.

-¿Que? -dijo al llegar mientras apoyaba los brazos en la ventanilla del coche

-Entra, ya nos vamos. -dije con un gesto con la cabeza señalando su asiento.

Dick abrió la puerta y entró. Busqué las llaves y las puse en el contacto. Otra vez aquel ruido. Maldito chevrolet, la ansiedad de nuevo. Esta vez no encendimos la radio, hacia un bonito dia de noviembre, el sol nos daba en la cara y eso amainaba mi ansiedad,


 
 
 
 
3月9日

El sacerdote

Las campanas del reloj de la iglesia sonaron ocho veces, lentamente, cada toque resplandecia en toda la plaza, vibrante como si el mundo entero estuviese oyendo su triste repicar.

La última campanada coincidió con el portazo del joven sacerdote que salía con paso firme y decidido de la parroquia, agarrado a una maleta negra ligeramente desgastada.

Casi corriendo cruzó la plazoleta y pasó justo al lado de la fuente que presidia el lugar. Se detuvo, bebió bajo el grifo oxidado y se secó la boca con la manga de la sotana. Prosiguió su marcha. Un momento antes de abandonar la plaza que rodeaba la iglesia paró sus pasos en seco y giró sobre sus talones, alzó los ojos y observó por segundos la fachada principal, cerró los ojos un segundo y los abrió de nuevo.

Se volvíó de nuevo hacia el frente, siguió caminando a paso rápido balanceando su maleta mientras los últimos rayos del sol se escondian detrás de las montañas arropados por un cielo rosáceo y empedrado.

Caminó en soledad. Los árboles habian perdido la mayoria de sus hojas que yacian en el suelo, varios manojos de paja estaban quietos en los campos, sólo podia oirse a lo lejos el repicar de las campanillas de los cencerros, el dia iba haciendo mella, la luz se iba apagando lentamente.

Cuando llegó al principio de aquel sendero polvoriento se detuvo. Una enorme casa se alzaba al final del camino. Dejó la maleta sobre el polvo y con las dos manos se adelantó el ala del sombrero hacia la frente como si intentase esconder algo. Se agachó y cogió de nuevo sus pertenencias, arrancó de nuevo sus pasos, su mirada ensombrecida se topó con las de un búho que no hizo ruido alguno.

Sus largas pisadas alzaban una polvareda a su alrededor; pronto, los bajos de la sotana se verian pintados de gris, las puntas de sus zapatos estaban ya totalmente cubiertas por el polvo cuando llegó a la puerta del caserón.

Habia luz en una de las habitaciones, una cortina blanca casi transparente dejaba ver a una mujer dentro. Estaba de pie frente a una mesa cortando patatas que ponia en un recipiente. El sacerdote se acercó a la ventana y tocó con suavidad en el cristal.

-Lucia -murmuró el sacerdote.

Los ojos de la muchacha se toparon enseguida con los de él, sonrió timidamente y desapareció de entre los claros.

Asomó su cara por la puerta de detrás y le llamó:

-Venga por aqui -le susurró haciendo señas con las manos.

El sacerdote acudió sin más demora y entró.

-Buenas noches -dijo - Se puso la mano derecha sobre el sombrero, lo alzó y lo llevó a su espalda.

La joven mujer sonrió de nuevo, tenia los ojos muy claros, el pelo largo y rubio y el rostro muy aniñado.

-¿Se va a quedar a cenar? -preguntó ella al coger de nuevo el cuchillo.

-Si me invita lo haré con mucho gusto -dijo él.- Se quitó el abrigo que colgó en un perchero de pie y sacudió el polvo de su sotana.

Se sentó en un balancín frente al fuego de la chimenea que chisporroteaba con fuerza y acercó sus manos y su cara hacia él, la cual se vió enrojecida enseguida, se apartó y se balanceó varias veces con nerviosismo mientras seguia con su mirada perdida entre las llamas.

-¿Cuánto tiempo estará fuera su marido? -preguntó él. -Sé que me lo dijo en el mercado el jueves pasado pero no lo recuerdo.

-Dos semanas -contestó.

El sacerdote paró el balanceó y se levantó.

-No voy a volver a la parroquia. -afirmó.

Lucia paró de cortar por un momento, después siguió con la faena mientras el sacerdote continuaba hablando:

-Me han destinado a la capital. No sé si volveré. -explicó mientras andaba hacia ella.

-¿Se marcha? -exclamó sorprendida.

Él asintió con la cabeza. -No queria irme sin despedirme, Lucia -anunció su nombre como si lo leyera en mayúsculas en algún capitulo de la biblia.

-Te he echado mucho de menos -dijo cambiando su distintivo al llegar hasta donde se encontraba ella.

Los brazos del joven la cogieron de la cintura y la besó con suavidad en la mejilla. La muchacha dejó el cuchillo sobre la mesa y sus labios se toparon con los suyos fugazmente.

-Hace tanto tiempo que lo deseaba, han pasado casi seis meses desde la última vez que estuvimos juntos -dijo el joven sacerdote apretando más hacia él el cuerpo de la muchacha. Ella se giró y le besó de nuevo, esta vez con más pasión.

-Sé que no puedo decir nada para que no se vaya, ni tampoco puedo hacer nada.

Abrazó al sacerdote, las lágrimas corrian furiosas por sus mejillas. Se zafó de él y corrió a cerrar el pestillo de la puerta principal. Encendió la luz de la habitación matrimonial y volvió a buscarle. Le tomó la mano, lo condujo al cuarto, corrió las cortinas y deshizo la cama.

Sus miradas se entrecruzaban entre abrazos y besos apasionados, al compás que dejaban caer su ropa en el suelo húmedo. Una cruz presidia la habitación. Fuera ya habia caido la profunda oscuridad.


2月9日

Tenia los ojos negros

Tenia los ojos negros y los labios carnosos. Tenia los ojos negros y una sonrisa que asomaba tímida que parecia querer esconder.

La expresividad de sus ojos eran suficientes para adivinar si cantaba al amor, a la alegria, a la tristeza o al desengaño.

Tenia los ojos negros y la voz grave, profunda, a veces rota. Nos regaló pedazos de su vida en forma de canciones, de gestos, de palabras... para que jamás olvidemos como se apasionaba, como transmitia sus emociones. Como sin querer llegó tan hondo, como sin querer se le recuerda cada dia, como sin querer hizo de la música la vida de otras personas, como sin querer se fue.

Enrique cerró los ojos mientras rasgaba uno de aquellos acordes no inventados. Enrique tenia los ojos negros y una guitarra en las manos.

2月4日

Antónia Font i l´orquestra de Bratislava

31 de gener de 2008. 21:00 hores. Teatre Principal de Palma de Mallorca.

Presentació del nou disc d´Antònia Font “Coser i cantar”. Un recopilatori dels seus éxits acompanyats amb una orquestra de corda. L´orquestra de Bratislava.


Van obrir amb una hora d´antelació i allà que estavem nosaltres, a les vuit, just a n´es moment que obriren varem arribar, varem preparar ses entrades i cap allà dins vam anar. Un concert al teatre principal sempre es un goig, un esdeveniment únic, senyorial, acollidor.

Fins passades i mitja no es va omplir tota la sala, pero ho va fer, tot el principal estibat de gent. Esperavem ansiosos la sortida del AF i no es van fer esperar gens, només passaven tres minuts de les nou quan van fer aparició.

Anaven vestits de forma informal i es van lluir a cada un dels temes que van tocar, sense decebre. M´agradaren igual que sempre, no, crec que més, m´estim més un concert tranquil, ben asseguda que haver d´estar botant tot es temps perque tothom es més alt i no consegueixes veure-hi bé. Aixi em quedo amb aquest concert íntim dels AF, un concert ple d´energia i de molt bona salut musical que segueixen tenguent aquesta gent.

Em quedaré amb un parell de moments:

La magistral actuació d´ “Astronauta rimador”, fins ara crec que es de les millors que fan darrerament, creixen enormement com a músics.

I també em quedo amb el final, amb que no varen deixar de tocar “Viure sense tu”, sempre m´emociona sentirla, quan cantaren aquesta ja feia estona que ens haviem possat drets per gaudir del concert desde una altra perspectiva encara que només fossin uns minuts.

Gràcies als Antònia Font, per fer d´un concert seu una estona inolvidable. Sempre, un plaer.

1月28日

Los Secretos en Palma

Cuál fue mi sorpresa al enterarme de que mis chicos vienen a Palma el próximo 15 de marzo a la Sala Assaig. Después de mi aventura madrileña por ir a verles ahora van a pasarse por aqui y con mis entradas ya en mano os lo anuncio por si os interesa pasaros para descubrir a los sobradamente conocidos Secretos: Álvaro Urquijo, Jesús Redondo, Ramón Arroyo, Santi Fernández y Juanjo Ramos. Os aseguro que no os arrepentireis los que no les conoceis a fondo y a los que ya les conoceis pues poco que añadir.
 
La cita para celebrar su treinta aniversario es:
 
Sábado 15 de marzo de 2008
Sala Assaig
22:00 horas
 
Entradas ya a la venta en:
 
 
Que se note el calor de esta isla. Siempre Secretos. Siempre Enrique.
1月9日

Miradas de papel

Giro las páginas de este libro despacio. Un libro repleto de fotos, repleto de recuerdos, repleto de ilusiones, de miradas y de sonrisas. Las giró con delicadeza, saboreando cada hoja y sin saber por qué, siento que esa historia forma parte de mí, la historia de un grupo, la historia de unos músicos y sobretodo de personas. La historia de Los Secretos, de Enrique.

Imágenes que emocionan solo con verlas, me paro en cada foto y miró a sus ojos, a los de Enrique que es cuando me sobreviene ese sentimiento de añoranza por alguien que no conocí y que su voz envuelve el alma, se mete dentro de cada uno, te acaricia y entonces es cuando echas de menos a alguien, cuando le echas de menos a él. Se me clavan sus ojos negros en las pupilas y casi puedo ver dentro de él.

Sigo girando las páginas con la misma sutileza, entonces pongo mi atención en Álvaro y en lo que es el grupo después de que se marchase Enrique. Unas fotografias limpias, llenas de amor hacia la música, llenas de un homenaje, llenas de agradecimiento y llenas de cariño, de público siempre fiel.

Llego a las últimas páginas, feliz por seguir teniendo a Los Secretos con nosotros, feliz por poder seguir disfrutándoles. Cierro por fin el libro, me quedo mirando la contraportada unos segundos.

Lo giró y miro de nuevo la portada “Los Secretos-Nada más” leo. Ha sido demasiado corto, giró de nuevo las páginas, quiero volver a verlos, es sin duda una joya.

1月5日

El encuentro

Carlos me mandó un mensaje al móvil cuando aterrizó en Palma. Iba a coger el autobús y me esperaria enfrente de un emblemático bar de la ciudad. Yo llevaba todo el dia pensando en el momento en que nos ibamos a conocer, de hecho llevaba meses queriendo que ocurriera. Nunca nos habiamos visto en persona pero el feeling ya corria por mis venas a los pocos dias de haber chateado con él, de eso ya hacia unos meses.

Se me pasó la tarde volando, hablando con mis compañeros de mi cita casi a ciegas. Salí ansiosa del trabajo e iba casi corriendo por las calles camino al bar, mirando constantemente el reloj, apretando mi bolso contra mi, deseando verle de lejos.

Eran más de las siete de la tarde y avistaba lluvia, llevaba mi paraguas en la mano por si de un momento a otro me tocaba abrirlo. Empezó a gotear mientras seguia caminando pero no tenia tiempo de abrirlo, solo deseaba llegar, no importaba que diluviase, el mundo habia desaparecido por minutos.

Esperé impaciente en el semáforo, tenia el bar enfrente, alli en la esquina. Mientras esperaba para poder pasar, intentaba divisarle pero no veia a nadie que me pudiera ser minimamente familiar, era muy dificil reconocer a alguien solo por una foto.

Por fin el hombrecito se puso verde y crucé. El corazón se me aceleró cada vez más, la lluvia ya empezaba a ser bastante abundante.

Llegué por fin a la acera del bar, busqué, miré a varias personas, no le vi, seguí mirando a la gente y... sí, era él, no me veia todavia, dudé de nuevo, sonreí y cuando por fin el me miró le hice una señal con el dedo de... ¿eres tú? Y levantó las cejas en señal de haberme reconocido.

Me sonrió, le sonreí de nuevo, se acercó a mi y me dió un beso en la mejilla y yo le correspondí con otro. Me comentó algo sobre mi estatura.... fue una tonteria pero lo recuerdo como si fuera ayer.

Finalmente, abrí mi paraguas y los dos nos refugiamos en él. Nerviosa le cogí del brazo, sentia ganas de llorar y de reir a la vez, sentia ganas de abrazarle, sentia ganas de besarle... todavia cuando me acuerdo puedo sentir hasta su olor.