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13 marzo A sangre friaBasado en la novela del mismo titulo de Truman Capote
El ruido del motor de aquel viejo chevrolet me producia ansiedad. Llevabamos varias horas en carretera y tenia el estruendoso motor metido en la cabeza. Ni la radio portátil que utilizabamos para pasar mejor las horas servia para olvidarme de aquel ruido, además aquella radio también se oia mal y solo ponian antiguas canciones que se repetian una y otra vez. Pasamos más de la mitad del viaje en silencio mi compañero Dick y yo. No habia demasiado qué hablar, el plan lo llevabamos pensado de antes de salir hacia aquel pueblecito campero: Holcolm.Un extraño nombre para un simple pueblo. Conocia a Dick de la cárcel, parecia un tipo de fiar, aunque en esos sitios no hay demasiada gente con la que confiar desde el primer momento confié en él, me dejé llevar por la primera impresión y por eso le elegí a él para llevar a cabo mi plan. Me habian hablado de la familia Clutter durante mi estancia en la prisión. Eran reconocidos en su barrio por su situación familiar y economica, pero lo más y único importante era el contenido de su caja fuerte, mi única fijación era poder hacerme con aquel botín. Después de varias horas conduciendo sin parar decidimos parar en frente de un hospital católico. Dick insistia en comprar unas medias negras para cubrirnos el rostro para el golpe, para que nadie pudiera reconocernos y todo saliera a la perfección. Yo insistí en que no hacia falta, además las monjas no me caian bien, me producian escalofrios pero finalmente paré cansado de oir a Dick protestar y salió a por las malditas medias. Un hombre pidiendo unas medias a unas monjas me parecia algo que nos podria señalar como sospechosos pero lo hizo igualmente, tal vez las monjas no tenian esa clase de pensamientos. Fumaba como un cosaco un cigarrillo detrás de otro mientras le esperaba. Miraba de un lado hacia otro, vigilando, continuamente daba caladas a los cigarillos, golpeaba con mi mano libre el volante y esperaba a que de una vez Dick regresara, teniamos todavia camino por recorrer hasta llegar a casa de los Clutter. Le vi salir sin nada en las manos, con la expresión muy seria, abrió la puerta del coche, se giró a sus espaldas por si alguien le seguia y cerró la puerta tras de sí. -¿Dónde están las medias? -pregunté mientras apagaba el último cigarrillo en el cenicero del coche. -No hay medias. -Claro, si es que ya lo decia yo. Las monjas no tienen medias para vender. Arranqué de nuevo el coche sin esperar más explicaciones. Nuestra siguiente parada fue en un motel de carretera, paramos para comer algo. Una mujer se nos acercó para preguntarnos qué queriamos y pedimos dos menús sin siquiera saber lo que nos iban a traer. Cualquier cosa iba bien para llenar el estómago. Eché un vistazo a la televisión que colgaba de un rincón del bar, estaba silenciada, se veian las noticias. Dick seguia en silencio, con la mirada baja. -¿Todavia no llega la comida? -dijo mirando hacia la barra, buscando a la camarera. -No hay prisa Dick, tenemos tiempo. -Quiero comer. ¡Camarera! -gritó mientras levantaba su mano derecha. La mujer miró hacia nuestra mesa y no dijo nada, solo pareció murmurar algo a su compañero. -¿Te quieres tranquilizar? Dick volvió a bajar la cabeza. -¿Llevas la pistola? -me preguntó con la voz muy baja. -¿Pero qué te ocurre Dick? Claro que la llevo. -dije al palpar mi costado izquierdo. -No sé, Perry. -No me jodas ahora, todo está controlado, no te preocupes por nada. -¿Estamos seguros de todo? ¿Ya lo tenemos todo? -Sí, todo bajo control. Solo nos queda esperar unas horas y estaremos allí. La camarera por fin llegó con los dos platos y los posó delante de cada uno de nosotros. En menos de cinco minutos habiamos terminado, dejé un billete de veinte dólares encima de la mesa y nos largamos. -¿Y ahora qué? -preguntó Dick mientras encendia la radio y sintonizaba un nuevo canal. -Vamos a dormir un rato -dije al momento que buscaba en uno de mis bolsillos del pantalón un mechero. Encendí el cigarrillo y me acomodé en el asiento trasero. Escuché como Dick jugaba con las sintonias de la radio y las iba cambiando a medida que no le gustaban las canciones, quise decirle que parase de hacer eso, que queria dormir un rato pero dejé que se entretuviera, yo me dormí de todos modos. Cuando desperté, Dick estaba fuera del coche, no se oia la radio, estaba apagada. Me levanté y me puse frente al volante. Bajé la ventanilla. -¡Dick! - Él se giró y andó hacia el coche. -¿Que? -dijo al llegar mientras apoyaba los brazos en la ventanilla del coche -Entra, ya nos vamos. -dije con un gesto con la cabeza señalando su asiento. Dick abrió la puerta y entró. Busqué las llaves y las puse en el contacto. Otra vez aquel ruido. Maldito chevrolet, la ansiedad de nuevo. Esta vez no encendimos la radio, hacia un bonito dia de noviembre, el sol nos daba en la cara y eso amainaba mi ansiedad, ComentariosPara agregar un comentario, inicia sesión con tu cuenta de Windows Live ID (si utilizas Hotmail, Messenger o Xbox LIVE, ya tienes una cuenta de Windows Live ID). Iniciar sesión ¿No tienes una cuenta de Windows Live ID? Regístrate Vínculos de referenciaLa dirección URL del vínculo de referencia de esta entrada es: http://lenna1980marmaladeskies.spaces.live.com/blog/cns!93A55797ABCDBF30!552.trak Weblogs que hacen referencia a esta entrada
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