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日志


5月20日

La caracola

POR LA CARRETERA


Mi padre conduce con la vista fija en la carretera. Veo como mueve los ojos de un espejo retrovisor a otro, mientras me echa alguna que otra mirada. Sonríe y mira a mi madre después. Ella le mira también y después se gira al asiento trasero para vigilarme y luego me sonrie.

-¿Podrias abrir más la ventana? -le digo.

Mi madre abre enseguida la ventana. ¿Te da mucho el aire mi niño?

-No. Estoy en la gloria. -digo mientras cierro los ojos y disfruto de aquel aire caliente y abrasador que te pone moreno sólo con rozarte.

-¿Hasta cuándo me llamará mi niño? -me pregunto a mi mismo.

-Creo que tendré que parar a poner gasolina -dice mi padre- Todavia nos queda un buen tramo de camino.

Mi madre no dice nada como siempre.

Abro los ojos y miro por la ventana. Veo pasar el paisaje que veo sólo una vez al año. Está desierto, el terreno es llano, la carretera que nos lleva al pueblo donde veraneamos es larga y parece que no acaba nunca. Tengo la sensación de que llevamos medio dia de viaje y sólo llevamos dos horas. Es terrible, el calor es sofocante, quiero llegar y darme un baño en la playa.

Los ojos de mi padre siguen mirando al frente, con su mano izquierda activa el intermitente, sus manos giran el volante y entramos en una gasolinera. Para el coche, quita las llaves y se las da a un señor con mono gris que descuelga una manguera y me mira mientras nos llena el depósito. Ese hombre no me sonrie.

-Mamá.

-Dime.

-Tengo sed. ¿Podriamos comprar algo para beber?

-Toma -y me tiende una botella de agua.

La cojo y bebo.

-Está caliente.

-Lo sé, cuando lleguemos ya lo meteremos todo en la nevera, ahora sólo tengo esto.

Sigo bebiendo. El calor abrasador, el agua caliente. ¡Qué asco de verano! -pienso.

Mi padre vuelve, se mete en el coche y arrancamos de nuevo.

Me he terminado el agua. Tiro la botella a mi madre y le doy casi en la cabeza. Me mira pero tampoco me dice nada, simplemente coje la botella y la guarda en una bolsa que tiene a sus pies.

Mi padre sólo acierta a decir:

-¿Qué haces? -pero después sigue mirando a la carretera.

Abro mi mochila a punto de reventar. Del bolsillo más pequeño saco una caracola, también pequeña. Hace un par de veranos la encontramos en una cueva que daba al mar. Y decidimos que cada año, cada verano, cambiaria de dueño. Este año debia darsela a Marina, una chica de ojos azules con la que soñaba a menudo, al final del verano pasado quedamos en qué el verano siguiente nos encontrariamos alli el primer domingo de julio.

-El primer domingo de julio, a las nueve de la noche -habiamos dicho.

Para que fuera ese dia sólo faltaban unas horas.

Escondo de nuevo la caracola. Mi madre tiene los ojos cerrados y mi padre sigue en silencio conduciendo.

Después cierro los ojos. El sol está empezando a apagarse.


EN CASA


-Ya hemos llegado -nos despierta mi padre.

Acaba de salir del coche y hace estiramientos.

-Vamos, ayudádme a bajarlo todo.

Abre el maletero del coche y empieza a descargar bolsas y mochilas.

Mi madre ya ha bajado y está cogiendo varias de las bolsas.

-Vamos, no tenemos todo el dia -me dice mi padre.

Bajo adormilado y me pongo la mochila en la espalda. Voy hasta la puerta de la casa y mi madre busca las llaves en su bolso.

-No encuentro las dichosas llaves -murmura. -Sé que las he cogido y las he puesto en el bolso pero ahora no las encuentro.

-¡Cómo que no las encuentras! -dice mi padre.

-¡No las encuentro!

Se pone de cuclillas en el suelo y sigue urgando.

La estoy mirando, pero ella no me mira a mí.

-Ahora. Por fin las tengo. -dice sonriendo.

Se levanta y las pone en la cerradura. Abre.

-Entra -me ordena.

Entro -el olor a humedad es terrible.

-¡Cómo huele a humedad! -dice mi madre. Vamos a abrir todas las ventanas, que después de casi un año sin venir el olor es inaguantable.

Deja las bolsas en el pasillo y empieza a abrir todos los ventanales de la casa.

Yo me siento en el sofá y enciendo la televisión.

Mis padres entran y salen una y otra vez con todos los bartulos para pasar tres meses ahi.

Tengo sueño, mucho sueño, ya son casi las once de la noche y me he levantado a las ocho para llegar hasta aquí.

Me pesan los ojos, caígo redondo en el sofá hasta las nueve de la mañana del dia siguiente.


LA PLAYA


Después del magnifico desayuno que me ha preparado mamá, me pongo el bañador y me voy a la playa. Espero encontrar a alguno de mis amigos por ahi, aunque sino los veo ahora los veré esta noche cuando le entregue a Marina la caracola. Estaremos todos allí, contando lo que hemos hecho estos meses y pensaremos qué hacer hasta septiembre.

Pablo y Marina, ellos son mis compañeros de aventuras. Y por eso los veranos son inolvidables.

Vamos a cazar cangrejos por las mañanas, tomamos el sol por las tardes y por la noche nos sentamos en la arena para contar historias.


Llego a la playa y busco un hueco para mi toalla. Me lanzo al agua. Chapoteo, doy brazadas, meto mi cabeza en el agua, buceo, abro los ojos en el agua, me escuecen pero sigo mirando por si encuentro algún pez interesante, salgo a flote, vuelvo a meterme y asi hasta que me canso y voy a secarme a la orilla. No he visto a ninguno de mis amigos.

Me seco con la toalla, no tomo el sol. Con los pies llenos de arena llego a casa.


ME PREPARO

No me apetece meterme en la ducha y me doy agua con la manguera y me ducho ahi fuera en la terraza. Me quito toda la arena, me enjabono y me doy agua de nuevo. Me seco con una toalla que me ha sacado mi madre y subo a mi habitación a vestirme.

Ya estoy listo para esta noche. Abro mi mochila y cojo la caracola. Qué ganas tengo de volver a verles.


-¿Dónde vas? -me pregunta mi padre desde el sofá.

-He quedado con mis amigos.

Él asiente y enciende la televisión.

-Me voy -le digo a mi madre que prepara la cena en la cocina.

-¿Te vas? ¿Vas a cenar con nosotros?

-No mamá, he quedado con mis amigos y estaremos por la playa esta noche, ya cenaré cuando vuelva.

Ella también asiente.

Salgo de casa.


ESTA NOCHE


Llevo la caracola en las manos. Estoy nervioso. No sé por qué. Después de tantos meses, tengo miedo.

Llego a la cueva, el mar está en calma. La cueva se encuentra en una cala y el agua llega hasta allí, me quito los zapatos antes de entrar. Cuando entro, el agua me tapa los pies.


Estoy de pie hace diez minutos y no aparece nadie. Se habrán retrasado por algún motivo, ¿pero cúal?... siempre suelen ser puntuales -me digo a mi mismo.


Ya llega alguien, pero con la luz todavia no distingo bien quién es. Se va acercando, pero después se bifurca y desaparece. No es nadie de los mios.

Sigo esperando diez minutos más, sigue sin aparecer nadie. Me siento en una roca, la luz de la luna se refleja en el mar. Cojo una piedra y la lanzo, da tres botes sobre el agua antes de ahogarse en el mar.


Ya hace una hora que espero y sólo ha venido a visitarme algún cangrejo. Dejo la caracola en el suelo pero la sujeto con la mano. Lloro de rabia. No sé por qué no han venido. Decido ir hacia su casa. Agarro de nuevo la caracola.


Me planto enfrente de la casa de los dos hermanos. La luz está encendida. Quiero llamar y que me expliquen que ha pasado, se han olvidado de una promesa.

Les veo a través de los ventanales, sonriendo.

Marina mira un instante y se topa con mis ojos, su sonrisa se borra de golpe, me mira unos segundos y aparta la vista.

Pensaba que eramos amigos, de verdad que lo creia. Supongo que todo esto ya debe ser una tonteria para ellos.-me digo a mi mismo.

Me acerco al felpudo de su casa y dejo la caracola allí. Ya no me pertenece. Ni ahora ni nunca más.