Mª Magdalena 的个人资料In my place照片日志列表更多 工具 帮助

日志


12月28日

Parece una tonteria

BASADO EN "PARECE UNA TONTERIA" DE RAYMOND CARVER.  

Estoy todo el dia rodeado de dulces olores y sabores, las tartas reinan en mi pequeña cocina del horno donde llevo más de treinta años trabajando.

Mi abuelo ya trabajó aquí antes, después lo hizo mi padre y yo aprendí el oficio desde muy pequeño cuando ya con escasos años rondaba por aquí y jugaba con los ingredientes que ahora son imprescindibles para poder pasar el mes.

Me levanto cada mañana a las cinco, porque antes de abrir la tienda debo ir a comprar los ingredientes para poder hacer mis pasteles y venderlos a la gente de mi barrio, gente humilde como yo. La rutina de siempre, me levanto, desayuno, voy a comprar y cuando son las seis ya estoy delante del portal del horno con las llaves en la mano dispuesto a abrir.

El edificio ya está muy viejo, data del año 1915, lo sé por el letrero que puso mi padre para recordar el año en que mi abuelo empezó a trabajar allí. No destacaria nada más, tiene encanto porque es antiguo y guardo algunos utensilios que también utilizaban mis antepasados.

A veces me paro a pensar en el tipo de gente que pasa todos los dias por este pequeño horno familiar. Desde parejas que entran para pedir una tarta nupcial, chiquillos que buscan desesperados a la salida del colegio un bollo hasta madres que quieren una tarta de cumpleaños para su pequeño.


Hace unos dias entró una mujer joven a la pasteleria, yo estaba en la trastienda y al salir la vi alli de pie esperando y echando un vistazo a la amplia variedad de tartas para cumpleaños de las que dispongo.

-¿Puedo ayudarla en algo? -le pregunté.

Ella sonrió levemente y señalándome una de las tartas me dijo:

-Quisiera un pastel de cumpleaños para mi hijo, este lunes va a cumplir ocho años. -sonrió de nuevo.

-Está bien -dije mientras sacaba del bolsillo de mi delantal un bloc de notas.

-Me gustaria una así -señaló de nuevo- pero que tuviera un gran cohete espacial en el centro y también que pusiera su nombre, es un entusiasta de los cohetes -comentó.

Apunté el encargo despacio para no olvidarme de nada y ella añadió:

-Se llama Scotty.

La miré mientras me lo decia y sonrió con satisfacción.

Apuré los últimos apuntes y le dije:

-Perfecto, mañana por la mañana puede venir a recogerla.

-De acuerdo, muchas gracias. -giró en sus talones y dejó la puerta tras de sí, dejándome con el repiqueteo de aquellas campanillas que una vez mi abuelo habia puesto para avisar de la entradas de los clientes y ya nunca se quitaron.

Segui mi jornada entre nata, azúcar en polvo, harina y preparé varios pedidos pendientes. Eran las siete de la tarde y todavia me quedaba la comanda del pastel de cumpleaños de la mujer que habia entrado por la mañana y debia prepararlo, asi que en lugar de irme a casa me quedé una hora más, aunque no importaba, a mi nadie me esperaba en casa. Mi única mujer me habia dejado por otro hacia ya mucho tiempo y no tenia hijos, solo me esperaba estar sentado en el sofá leyendo alguna novela policiaca.


Miré el reloj de pared de la cocina y ya eran las nueve cuando le ponia el último toque a la tarta.

SCOTTY dibujé con nata y la metí en la nevera junto a las demás. Lavé los utensilios que habia utilizado, barrí el local y finalmente apagué las luces y cerré la puerta. Caminé de noche hacia casa, no habia nadie fuera, sólo pude oir algún perro ladrar.


El dia siguiente se presentó bastante movido, tenia muchas tartas para entregar y los clientes llegaron muy pronto a buscarlas, a las doce ya las habia entregado todas. La nevera que estaba llena ahora sólo guardaba la tarta de SCOTTY. La miré y recordé a la mujer que habia venido a pedirla, imaginé que vendría por la tarde y no le di más importancia, pero llegó la noche y nadie habia venido a por ella, ¿qué se creian que yo trabajaba por divertimento? Bien me habia costado hacerla: tiempo y dinero. Busqué en el bloc de notas donde lo tenia apuntado y encontré el teléfono de aquella mujer, llamé y me contestó la voz de un hombre, imaginé que debia ser su marido.

-Tengo una comanda para usted, una tarta .-dije.

-¿Qué tarta? -me contestó indiferente. -no se de qué me habla. Y colgó inmediatamente.

La actitud me molestó lo suficiente para llamarle de nuevo al cabo de diez minutos, volvió a contestarme la misma voz nerviosa.

-¿Qué quiere? -y colgó de nuevo. No me dejó decir palabra alguna, nunca nadie me habia despreciado de aquella manera. Decidí dejarlo para el dia siguiente sino venian a por el pastel.


Pasó un dia más sin que nadie viniera a por la tarta misteriosa como ya le habia calificado yo, era muy extraño que no me hubieran avisado de nada y que aquel hombre arisco que me habia contestado al teléfono ni siquiera me hubiese dado una explicación, ya empezaba a pensar que todo era una broma. Abrí la nevera y miré la tarta, el nombre que habia dibujado con nata ya se habia derretido, casi no se podia leer, y el cohete espacial que tanto me habia costado plasmar era dificil saber qué era, ahora seguro que no la querrian y tendria que hacer otra, todo porque no se habian dignado a llamarme o darme una simple explicación de por qué me estaban esquivando.

Decidí llamar de nuevo, a ver si esta vez tenia suerte y podia hablar con la mujer que me lo habia encargado.


-Vamos a ver -dije cuando por fin oí la voz de aquella mujer-

-¿Dígame? -dijo ella con la voz muy floja-

-¿Me oye? -dije para cerciorarme de que me estaba escuchando y que no me colgase como lo habia echo su marido.

-Sí,sí... ¿ocurre algo? -dijo después con voz nerviosa.

-Sí, si que ocurre. -respondí molesto-

-¿Es usted la madre de Scotty?

-Sí, soy yo ¿qué pasa?

-Tengo la tarta preparada para su hijo. ¿Recuerda que fue su cumpleaños? No vino a por la tarta señora... -dije.

Sólo pude oir un sollozo cuando me dispuse a colgar sin esperar ninguna respuesta, ya era la tercera vez que intentaba ponerme en contacto con la madre del chico del cumpleaños y la última, aquel pastel iba a ir directo a la basura.


Eso me bastó para estar todo el dia de malhumor, pasé como siempre el dia metido en el horno, solo, rodeado de pasteles que nunca habian servido para endulzarme la vida, era demasiado triste estar solo, nadie con quién hablar.

Puse la radio y sonaba un rock and roll, estaba terminando una comanda para el dia siguiente y oí las campanillas de la puerta, alcé la cabeza y miré el reloj de pared, sólo quedaban quince minutos para cerrar. Me giré y vi a través de las cortinas a una pareja, reconocí la cara de ella. No me lo podia ni creer, era la madre de Scotty, habian pasado tres dias, la tarta ya estaba rancia y ya la habia tirado, estaba dispuesto a decirle que conmigo no contasen más para hacerles tartas, habia malgastado dinero y tiempo y no trabajaba para eso.

Salí muy serio mientras me limpiaba las manos en el delantal.

-Hola. -dijeron ellos.

-Buenas, pensé que habian desaparecido del mapa.

-Perdone -empezó diciendo ella. -Pero es que... -un sollozo no la dejó seguir hablando.

Su marido la abrazó fuerte y continuó hablando por ella.

-Ibamos a celebrar el cumpleaños de Scotty y mi mujer queria darle una sorpresa -dijo aquel hombre también emocionado.

Yo les escuchaba esperando una excusa minimamente creible.

-Un coche le atropelló ese mismo dia ¿sabe?

Miré a la mujer que aumentó los llantos y se aferró más a su marido.

-Hoy ha muerto, iba a cumplir ocho añitos, sólo ocho añitos.

Respiré profundamente, me habia portado mal con aquella gente, no habia sido comprensivo, habia sido estúpido llamando constantemente. Ahora ellos también estaban solos, aunque al menos se tenian a ellos dos.

-Lo siento mucho -les dije-

-Estoy a punto de cerrar, si quieren les invito a tomar un café con unos bollos calientes.

Ella se secó las lágrimas y asintió con la cabeza.

-Gracias -dijo su marido.

Cogí las llaves y cerré por dentro la puerta. Les invité a sentarse en una pequeña mesa redonda, me metí en la trastienda para cambiarme, me quité el sucio delantal y me peiné. Después cogí un bote de café, llené la cafetera con agua y café y la puse a calentar. Saqué los bollos del horno, mientras la cafetera me avisaba de que ya estaba lista para servir. Busqué tres tazas y vertí en ellas el café, salí con una bandeja y la deposité en la mesa junto con los bollos, les miré y sonreí, me senté con ellos sin saber qué decir, se podia oir la radio de fondo. Toda la sala se habia impregnado del olor del café y de los bollos de vainilla. Ya estaba oscureciendo en la calle, alumbraban tristes unas pocas farolas.


12月18日

Los Secretos en Joy Eslava.

Madrid. 15 de diciembre de 2007.

Viento helado, muy frio, casi de nieve. Con abrigo, guantes y bufanda estabamos esperando en la puerta de la discoteca Joy Eslava varias chicas del foro de Los Secretos. Una delicia de niñas que hicieron que las dos horas que estuvimos esperando para entrar se pasasen bastante rápido.

Entrada en mano y D.N.I. Eso es lo que pedian los porteros, elegantemente vestidos, y con cara de pocos amigos antes de dejarnos pasar.

¡Pero que sitio más pequeño! -pensé- un escenario diminuto y tan cercano, no me lo podia creer. Casi besando los pies de Álvaro Urquijo justo en el medio, casi podia coger su botella de agua.

Primero salieron los teloneros con cinco canciones. Después Álvaro... con su guitarra empezó con la primera y segunda canción en acústico, después presentó a Ramón que salió del lateral derecho con timidez, para seguir a dúo con otra, y el tercero fue Jesús que salió por la izquierda sonriendo para tocar la tercera canción.

A la cuarta se levantó el telón de detrás suyo y apareció el resto del grupo. Una manera muy personal de presentarse que me encantó.

Un repertorio especial para su treinta aniversario. Temas clásicos como “Ojos de Gata” o “Déjame”, temas de ahora como “Una y mil veces” o “Gracias por elegirme”.

Valió la pena el viaje por conocer a Faly, Erika, Isabel, Sara, tuscallestanlloradas...

Valió la pena el tenerlos tan cerca, ver los ojos de Álvaro como brillaban cuando salió al escenario emocionado.

A veces intento ponerme en su lugar, lo difícil que debe ser echar adelante un grupo que lideró su hermano que ya no está, para mi es el mejor homenaje que se le puede hacer.

Valió la pena esperar un rato fuera para ver salir a Álvaro.

Valió la pena escuchar “Pero a tu lado” y ver en aquella pantalla a Enrique, porque todos pensamos en él y en lo que una vez nos cantó :

... en otra vida, en otro mundo, pero a tu lado...

Gracias Secretos. Gracias Enrique.