Mª Magdalena 的个人资料In my place照片日志列表更多 工具 帮助

日志


11月23日

Los Secretos

Amigos, amigas... q si, q me voy a ver a Los Secretos a Madrid el mes q viene. Estoy q no me lo creo, me apetece mogollón ver a esta gente, a estos grandes, enormes de la música en castellano y además voy a conocer por primera vez Madrid. ¿Qué más puedo pedir? Y pensar q todo ha sido en cuestión de meses, cuando me puse a ver la peli de "Báilame el agua" donde sale "A tu lado" como BSO y recordé q tenia un Grandes Exitos de los chicos, lo busqué, lo desempolvé y no pude parar de escucharlos, de ver videos suyos, de documentarme y sobretodo emocionarme. Ahora en nada como si de magia se tratase tengo entradas para verlos y además en su treinta aniversario, es totalmente increible... Ya os haré una crónica del evento en cuestión.... y del viajecito.
Besotes!!! :)foto
11月18日

Mientras lloran las guitarras

Que mala suerte tiene quien nunca, en su vida, ha encontrado una canción que sea capaz de ponerle del revés, de hacerle temblar, de tener que tragar saliva para no llorar, o que sea capaz de hacer aparecer una sonrisa de repente al oir esa canción. Que te sientas tan cerca del artista y a la vez tan lejos, que no seas capaz de pasar el dia sin escucharle, que dependas de una canción y de alguien que en realidad, tal vez, nunca te cruzarás por la calle.

Un dia cualquiera oyes su cálida voz como se cuela por los altavoces, las guitarras suenan tristes y el cielo se pone gris mientras suena “Pero a tu lado” dentro de un bar de tu ciudad. Miras hacia fuera y te acuerdas de su cara, de sus labios y de sus ojos que a menudo se dibujaban tristes, sigues la letra de la canción con detenimiento, esa canción que un dia Enrique compuso sin saber que podria emocionar a tanta gente y que después de varios años sigues escuchando y te sigue poniendo un nudo en la garganta, asi como todas las que pudo componer.

Recuerdas que ya hace ocho años que ya no suena su voz, se apagó en un portal... y miras por la ventana como llora el cielo y piensas que seguramente, hasta las guitarras lloraban cuando nos dejó.

 

Enrique enriqueymaria


La última noche

El edificio era color verde, un verde apagado y oscuro. La humedad de las paredes era evidente, la pintura ya habia saltado, era un edificio abatido por el paso de los años.

El barrio marginal que le envolvia se dejaba ver a través de las ventanas de los bares: los hombres bebian cervezas una tras otra y jugaban a las máquinas tragaperras durante todo el dia, también en las calles donde las mujeres de vida fácil esperaban en las esquinas algo de trabajo y varios vendedores de droga se escondian en los rincones intentando vender algo por precios que iban variando cada dos minutos.

Un joven de unos treinta años esperaba en la calle con las manos en los bolsillos frente a aquel edificio viejo y descuidado. Su aspecto era limpio, la camisa bien planchada de rayas y unos vaqueros de marca jamás le hubieran ubicado en aquel barrio.

El portal estaba medio abierto y se dejaba entrever unas escaleras de piedra color marrón y una barandilla de hierro forjado, a los lados varios buzones oxidados, algunos abiertos y varias cartas en el suelo pisoteadas, olvidadas.

Álvaro seguia de pie, sólo a unos pasos para acceder a la finca. Llevó su mirada hacia arriba, observó los balcones desolados que advertian de nuevo del descuido de la arquitectura, no habia ni una planta que decorase una sola ventana, ni una flor. Sólo la colada de alguna ama de casa delataba que alli vivia gente.

Sacó por unos instantes una de las manos de sus bolsillos y revisó lo que llevaba en su interior. Varios billetes asomaron del abrigo y sacó la foto de una niña de unos diez años, la miró y volvió a esconderla rápidamente junto con los billetes, seguidamente y con paso firme se adentró en aquel numero 23.

Enfiló sus pasos hacia el primer piso, el segundo, tercero... Se paró frente a una puerta astillada color marrón oscuro y con una placa color ocre que rezaba “J.M. López”. Sin más dilación tocó al timbre y volvió a meterse las manos en los bolsillos. Esperó.

Un hombre de mediana edad, alto y delgado con barba de tres dias abrió la puerta y le sonrió amigablemente, le hizo pasar sin mediar una sola palabra.

Álvaro entró como si entrase en su propia casa y se quitó el abrigo para posarlo sobre uno de los dos sofás que presidian la sala. Podia verse en una esquina, un disco de vinilo que giraba sin parar, pero la música era casi imperceptible, en otro ángulo una televisión encendida sin voz, solo el humo de los cigarrillos se habia apoderado de la habitación.

En la mesa de centro habia varios paquetes de tabaco y papel de fumar. López empezó a liarse un cigarro para él y después otro que ofreció a su visitante.

El joven aceptó y dio varias caladas mientras daba una ojeada a la portada del disco que estaba sonando. Varios minutos de silencio pasaron, ni una palabra, solo bocanadas de humo volaban por sus cabezas.

-Pensé que ya no ibas a volver -dijo el hombre, con los ojos rojos seguramente debido al ambiente cargado que habia en el interior.

Álvaro estaba con la mirada perdida, el cigarrillo estaba a punto de quemarle los dedos. Se giró al oir a su interlocutor.

-He estado en una clínica de desintoxicación ¿ya lo sabias verdad? -dijo Álvaro.

-Sí, por eso me extraña verte aquí.

El silencio volvió de nuevo. El chico seguia absorto en sus pensamientos, las manos habian empezado a temblarle y el cigarro ya se habia apagado del todo. Tiró la colilla en uno de los ceniceros ya repletos de ellas.

Se levantó y entró en el baño. Abrió el grifo de agua del lavabo y se enjuagó la cara, después se miró al espejo, la mirada de preocupación seguia reflejándose en su rostro, parecia como si buscase una respuesta en el cristal. Cerró por un instante los ojos, se secó la cara con una toalla oscura y salió.

-¿Te ocurre algo? -le preguntó su compañero.

Volvió a mirarle con la mirada incierta y dijo:

-Le prometí a mi hija que se habia acabado. -explicó.

-¿Entonces por qué estás aquí?

Álvaro volvió a callar.

-Necesito algo, lo que sea. Será la última vez, pero lo necesito -fue hasta su chaqueta y sacó del bolsillo todo el dinero que traia. -Las manos le temblaban aún más, volvió a mirar la foto de la niña, rubia al contrario que su padre.

El hombre le miró extrañado.

-Como quieras -aceptó sin pedir ninguna explicación y sacó de un cajón una dosis de cocaina para su compañero y también para él.

Dejó el dinero en la mesa y López se levantó para recogerlo. Lo metió en el bolsillo superior de su camisa y volvió a sentarse de nuevo mirándole con inseguridad.

Álvaro sonrió por primera vez desde que habia llegado. La inhaló con rapidez y en breves minutos la euforia se habia apoderado de él y de López, ahora solo hablaban de la vida, solamente cabia tema para la filosofía.

Las risas abordaron la noche de aquel viernes, más de seis horas habian pasado fugazmente.

Cuando Álvaro consultó su reloj ya marcaba las cuatro de la madrugada, se asomó a la ventana y descubrió como habia empezado a llover. Fue hasta la mesa para realizar una última inhalación de cocaina que les habia quedado, dibujó la raya con perfección y zas, fue rápido. Agarró su chaqueta y la colocó en su brazo derecho para marcharse. Su compañero ya dormia en un sillón, no se despidió de él, salió del piso y comenzó a bajar los escalones lentamente, tambaleándose. Se secó el sudor de la cara que habia empezado a brotar de su frente con la manga de su abrigo mientras iba bajando, se agarró de la barandilla y al llegar al portal se apoyó contra él, jadeando como si hubiera estado corriendo una maratón, su respiración era irregular, empezó a toser cada vez con más fuerza y estuvo unos minutos con la espalda y la cabeza apoyado en aquel viejo portal intentando sobreponerse.

-Te lo prometí -susurraba. -Te lo prometí...

Segundos después se desplomaba en el suelo inconsciente, los ojos quedaron abiertos, su cara pálida sin expresión. Del abrigo cayó la foto de aquella niña rubia con los ojos verdes. La lluvia lo empapó todo, la cara de Álvaro y la dulce sonrisa de la pequeña se borró con el agua. Llovió hasta el amanecer.